miércoles, 11 de febrero de 2009

Solidarizamonos coa dor das víctimas do temporal en Cataluña


EL VIENTO, LA OSCURIDAD

- Acaba la sopa, Mario- susurró su madre.
- Ya voy mami - contestó con un hilo de voz.
Mario acabó la sopa, se despidió de sus padres y abandonó la cocina, se dirigió a su dormitorio. No quería leer, así que extendió la sábana y se durmió. Ajenos a esto sus padres se encontraban sentados en el comedor bajo el agradable calor de la chimenea.
La radio comentó el parte metereológico:
- En la parte noroeste del país, en la comunidad catalana se alcanzarán rachas de hasta 140 Km./hora, además en el sur habrá precipitaciones, las temperaturas medias llegarán a los 2 grados en la región de Murcia y a los 20 grados en el Archipiélago Canario…
- Celia, habrá que tener cuidado mañana porque se avecina un gran temporal de viento en Barcelona.
Los Padres de Mario se levantaron y se dirigieron a la habitación de su hijo. Le arroparon, le dieron un cálido beso y se despidieron un “buenas noches” casi imperceptible.
El silbido del viento se colaba por debajo de las puertas y por las rendijas de las ventanas.
Al la mañana siguiente Mario se levantó, estaba excitado por el entrenamiento de béisbol que era a las once, y ya llegaba tarde. Se lavó la cara, desayunó apresuradamente, se vistió con ropa de abrigo y abandonó la casa.

Cuando llegó al polideportivo el viento soplaba con fuerza, y un escalofrío le recorrió el cuerpo. Se sentía inquieto y no sabía por qué.
Allí estaban todos sus amigos y eso lo tranquilizó.
Comenzaron el juego y según pasaban los minutos el viento se hacía cada vez más fuerte.
Las paredes temblaban y el techo crujía.
Los niños empezaron a sentir miedo, el silbido del viento apenas dejaba oír sus voces …y de pronto el estruendo, el llanto, el horror, el frío… la oscuridad.

- Ven a tomar el café, Celia – exclamó el padre de Mario, mientras encendía la televisión para ver las noticias.
Apenas el presentador empezó el relato de sucesos del día, los ojos de los padres de Mario se llenaron de lágrimas y un grito ahogado de dolor atravesó las paredes de la casa

Darío Alonso Expósito 6º A

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